El convento de San Francisco de Bilbao fue la más importante de las fundaciones religiosas que tuvo lugar en la villa a finales de la Edad Media. Se alzaba en la margen izquierda de la ría, en el espacio ocupado por la actual Plaza del Corazón de María, núcleo del barrio al que daría nombre. Desaparecido a mediados del siglo XIX, las excavaciones realizadas entre 2006 y 2010 han sacado a la luz buena parte de sus restos.

La orden franciscana estaba establecida en Bilbao desde 1447 según Ruiz de Larrinaga, situándose su primitivo convento en el entorno de San Mamés. Con el fin de instalarse en una ubicación más próxima al núcleo de la villa el 14 de julio de 1475 obtuvo una bula del Papa Sixto IV que supuso el arranque de la nueva fundación. Ésta fue posible gracias a la donación en 1498 por parte de Juan de Arbolancha y Elbira de Basabe de los terrenos de un antiguo viñedo conocido como el del “infanzonado”, situados frente a la calle Barrencalle Barrena.

Las obras de la capilla mayor ya estaban en marcha en 1501 y se prolongaron hasta 1537, bajo la dirección del arquitecto Sancho Martínez de Arego, que estaba al frente de ellas al menos desde 1522. A partir de 1539 contó con el privilegio de lucir el escudo del emperador Carlos V, por lo que también fue conocido como Convento imperial de San Francisco.

Su declive se inició con la invasión napoleónica; el convento fue suprimido en 1808 por José Bonaparte e incendiado durante la guerra de la independencia. En 1822 se construye en su huerta el primer cementerio de Bilbao situado fuera de un templo, una elegante necrópolis neoclásica construida según un proyecto del arquitecto Agustín Humaran. Para entonces la comunidad ya había regresado al convento, aunque sería nuevamente suprimida por Fernando VII en 1834, acusada de apoyar al bando carlista.

Desde 1833 el edificio había empezado a utilizarse como cuartel militar, destino para el que ya se proyectaba construir un nuevo inmueble al menos desde 1849. La iglesia fue finalmente demolida en 1856 y en 1865 el convento dejó paso al cuartel del Príncipe Alfonso que permanecería en uso hasta su desaparición en 1930, cuando se abrió la Plaza del Corazón de María.

El proyecto de construcción de un parking bajo la plaza impulsó en el año 2006 la realización de unas excavaciones previas que pusieron de relieve la conservación de buena parte de los cimientos del convento, por lo se decidió conservar estos importantes testimonios de la historia de la villa.

En el costado del solar más cercano a la ría se levantaba la iglesia conventual, un monumental templo que contaba con una única nave de trece metros de anchura,rematada por una cabecera recta más estrecha. A ambos lados de la nave se abrían un total de diez capillas funerarias particulares, de planta cuadrangular.Una de ellas, la dedicada a Santa Clara, era propiedad del linaje de los Arbolancha, patronos del convento. Un grabado del siglo XIX, realizado por Francisco Bringas, nos muestra su aspecto con un elevado arco apuntado cairelado y un lujoso sepulcro de arcosolio de estilo gótico tardío abierto en el muro lateral. También escogieron el convento para su sepultura otras nobles familias de la villa como los Arbieto o los Zaballa.

De acuerdo con la interpretación de los arqueólogos la sacristía se disponía al norte de la iglesia, y se accedía a ella desde el tercer tramo de la nave. A los pies de ésta se alzaba la torre campanario, una esbelta construcción trazada por Juan Bautista de Ybarra en 1743.

Por el lado sur se adosaban dos claustros procesionales; la planta de uno de ellos, el más inmediato al templo, ha sido recuperada en las excavaciones. Este espacio que medía 20 x 20 metros, contaba con un aljibe en su centro, rodeado de jardines y cuatro pandas porticadas en su periferia.

Al oeste del claustro se localizaba una sala rectangular de tres naves delimitadas por columnas que se ha supuesto pudiera ser la sala de terciarios, destinada a los miembros de la orden tercera de San Francisco, compuesta por seglares.

Finalizada la excavación arqueológica se procedió a la consolidación de los restos del convento, que con la excepción del claustro quedaron protegidos bajo la nueva urbanización de la plaza inaugurada el 17 de junio de 2011.

Jesús Muñiz Petralanda