Situación.- G4. Empieza.- Askao. Termina.- Virgen de Begoña. Fe­cha Pleno.- 4 de octubre de 1933.

Para allanar y facilitar el penoso camino de ascensión al Santuario, se comenzó a recoger limosna pública, y, en sesión del 12 de febrero de 1745, el Ayuntamiento decretó perfeccionar dicha obra haciendo calzada con escalas. Pedro de Norzagaray y Sarría, beneficiado de la Villa y cura rector de la iglesia de Begoña, fue comisionado por el Ayuntamiento para que aplicase las limosnas con que contribuían los devotos para este dicho intento; zanjando en aquel año de 1745, el día 12 de febrero, el pleito que tenía con la villa los religiosos del convento de la Santa Cruz, oponiéndose a la reforma y pretendiendo se les hiciese una lengüeta o camino para su servicio exclusivo.

En un "itinerario", escrito por Juan Laglancé a fines del siglo XVIII y con referencia al año 1778 se dice: «Para ir a esta iglesia (la de Begoña) desde Bilbao hay que subir al pie de doscientos escalones, los que van alternando con trocitos de cuesta hasta cerca casi de la iglesia, que termina con un buen pedazo de cuesta». A finales del siglo XIX, al transcribir Labayru el texto de Laglancé, además de confirmar que todavía se sigue llamando "Las Calzadas", dice que hasta la última meseta, frente a la iglesia, tiene 315 peldaños. Hoy se han am­pliado a 351 escalones con 50 tramos, contando desde la plaza de Unamuno hasta las puertas de Santuario.

En las calzadas de Mallona, que en principio se llamaron Calzadas de Begoña, estuvo el primer cementerio de la villa, ya que cuando Bilbao era las Siete Calles, los enterramientos se realizaban bajo las losas de la iglesia de Santiago y de su pórtico.

A principios del siglo XIX hubo una epidemia de tifus, por lo cual, en 1808 según orden del Gobierno de José I Bonaparte, los cadáveres se deberán enterrar fuera de la villa. Ante este hecho, se convirtieron en cementerio unos terrenos dedicados a huertas que tenían los frailes de San Francisco, en donde posteriormente estuvo el cuartel de Garellano y luego las escuelas de San Francisco. Muy pronto se quedó pequeño, y se pensó en 1829 en unas campas de la jurisdicción de Begoña conocidas como Mallona, nombre que correspondía al del caserío y terrenos ad­quiridos para dicho efecto. Se compraron los terrenos y encargaron los planos al arquitecto de la Academia de San Fer­nando, Juan Bautista de Belaunzarán (Andoain 1769-1849), quien logró una obra admirable dentro del más puro neoclasicismo, terminándose en 1830. De aquella obra solo queda la portada y parte del recinto sagrado convertido hoy, en el campo de fútbol del Mallona.

La portada constaba de un gran arco de ingreso flanqueada por dos columnas dóricas a cada lado y unidas por un entablamento superior, rematado por una cruz a cuyos lados figuraban dos urnas funerarias. Sobre la puerta había una inscripción atribuida a Alberto Lastra que decía:

Aquí acaba el placer de los injustos

y comienza la gloria de los justos.

La planta del cementerio era rectangular con una plaza octogonal y jardines, galerías de nichos y una preciosa capilla. Se construyó entre 1828 y 1830. El 24 de mayo de 1870 se inauguró solemnemente el Mausoleo o Panteón dedicado por la villa de Bilbao a los caídos un su defensa durante la Primera Guerra Carlista (1835-1836).

Este espléndido monumento que costó 70.000 reales, fue proyectado y esculpido por José Bellver y Marcos de Ordozgoiti. La estatua era una figura femenina que representaba a la villa de Bilbao, coronando de laurel a sus héroes y defensores, y la adornaban en la base cuatro leones que hoy se pueden admirar en las cuatro esquinas del Museo Histórico de Vizcaya. De los 218 pliegos que se presentaron a concurso a principios de 1870, para decidir que inscripción se pondría en el panteón, ganó Julio Enciso con el siguiente texto:

Bilbao a sus hijos predilectos

que le conquistaron el título de invicta

Se sacrificaron por la libertad de la patria

Cumplieron como buenos con su deber

No los lloréis, imitadlos.

En 1902 se realizaron los últimos enterramientos porque se había quedado pequeño, y en esa fecha, se inauguró el de Vista Alegre de Derio por el alcalde de la Villa, Baldomero Villasante Anchústegui. El cementerio de Mallona fue clausurado oficialmente en 1927.

En las calzadas existía un calvario de piedra de sillería, y en cada cruz estaba embutida la Pasión con un cristal protector, para las funciones de Vía Crucis. En la década de 1950 fue sustituido por el que hoy aún se conserva.

En el número uno de esta calle nació el escultor Dimas Nemesio Mogrobejo y Abásolo un 25 de marzo de 1875.

Javier González Oliver