Situación.- E4. Empieza.- Mazarredo. Termina.- Machín.

Su nombre recuerda a Juan Martínez de Recalde y Larrínaga, General de la Armada, Caballero y Comendador de la Orden de Santiago, alcalde de la villa, regidor, naviero principal del siglo XVI, y lo que hoy se llamaría ingeniero naval y constructor de naves. Oriundo de las Encartaciones y del solar de Recalde de Sodupe, barrio de Güeñes, en donde hoy se ostenta su blasón, nació en Bilbao hacia 1538.

Después de la derrota de la Invencible y de combatir bravamente con su escuadra, llegó a San Sebastián en el mes de septiembre ya enfermo, y a finales de octubre de 1588, fallecía en La Coruña; tenía 50 años.

En la parte superior de la fachada del edificio del Ayuntamiento de Bilbao, bajo el reloj, localizado a la derecha de los tres bustos, se halla el dedicado a este almirante, y un retrato suyo se guarda en la galería de vizcaínos ilustres de la Casa de Juntas de Guernica, pintado por Álvaro Alcalá Galiano, Conde del Real Aprecio.

El 9 de mayo de 1919 el Ayuntamiento de la Villa acordó nombrar al que había sido Alcalde entre 1916 y 1918, Mario Arana Mendívil, “Hijo Benemérito de Bilbao” y poner su nombre al tramo de calle comprendido entre las plazas de Federico Moyúa y Arriquíbar.

La parte de calle comprendida entre Egaña y Autonomía, a principios del siglo XX, se llamaba calle Elguera, debido a que por ahí pasa el río del mismo nombre, actualmente canalizado de forma subterránea.

Son dignas de tener en cuenta las siguientes construcciones:

- El edificio comercial que ocupa los números 12 y 14, construido en 1951 por el arquitecto bermeano Pedro de Ispizua y Susunaga (1895-1976).

- El club Deportivo tuvo su origen en el gimnasio que los discípulos del profesor José Zamacois fundaron en la calle Ibáñez de Bilbao, registrándose como sociedad en junio de 1894 e inaugurándose oficialmente el día 1 de octubre del mismo año. En 1912 se trasladó a la calle Orueta, ocupando las instalaciones que había mandado construir el industrial Horacio Echevarrieta al arquitecto Beraza. Dejó el edificio al periódico El Liberal y el 6 de abril de 1931 abrió un nuevo local en esta calle, construido por el arquitecto bermeano Pedro de Ispizua y Susunaga (Bermeo, 1895-1976) y enriquecido con la obra de Lucarini. El 13 de septiembre de 1965 debido a que estaba, muy estropeado, fue demolido y en su lugar se construye el actual, proyectado por el arquitecto Luis Pueyo, siendo inaugurado en 1968.

- A principios de septiembre de 1893, el responsable de la provincia escolapia de Valladolid, Marcelino Ortiz y el hermano Leonardo Álvarez González, se desplazaron a Bilbao para buscar locales donde alojar a los religiosos de su comunidad y realizar su labor docente. Entablaron conversaciones con Daniel de Aresti, acaudalado propietario que acababa de construir un edificio con planos y dirección del maestro de obras Daniel de Escondrillas (Bilbao, 1853 – Madrid, 1922), en la esquina de las calles Henao y Heros, que fue vendido a los citados religiosos, quienes iniciaron inmediatamente las modificaciones oportunas para recibir a la primera comunidad calasancia y a los primeros alumnos del colegio llamado Calasancio o de los Padres Escol­apios. Abrió sus puertas el 17 de octubre siguiente, para comenzar con las clases de primera y segunda enseñanza. A principios del siglo, el colegio se quedó pequeño, encargándose el arquitecto Alfredo Acebal y Gordón (Balmaseda 1862 ) de construir el que, con ciertas ampliaciones, se puede admirar actualmente. Se terminó el edificio en 1910.

En julio de 1936, al producirse el levantamiento militar, la comunidad decidió ceder el edificio para acoger a las familias evacuadas de Guipúzcoa, poniéndolo a disposición del Gobierno Vasco, una vez constituido el 7 de octubre de 1936. Alojó a los batallones del ejército vasco y, tras la toma del la villa, se utilizó como cárcel durante tres años. El 14 de agoto de 1940 pudo rescatarse el edificio en un estado lamentable. En 1945 se añade los estudios de Náutica a la Primaria, Bachiller y Comercio en respuesta a los muchos alumnos que venían de los pueblos al internado para seguir la tradición marinera de su familia. En 1953 se separó el Comercio oficial, Náutica en 1958 y el Comercio libre en 1964. El internado se cerró en 1970.

- El caserío Etxerre, que estaba en el solar del colegio de los Padres Escolapios, fue uno de los más conocidos de la villa, tanto por su extensión, como por su cocina, txakoli y el aceite de Abaitua, que, según cuentan, el rey Alfonso XIII lo recibía en Madrid una vez al mes. Era propiedad de los Arana, tenía una preciosa fachada con grandes balcones y un hermoso portalón. En 1903 se fundó en este caserío el orfeón “La alegría del Ensanche” bajo la dirección de Muniain, gran pianista de aquella época. Pasó a un piso de Colón de Larreátegui con el nombre de la Coral del Ensanche cuando desapareció el caserío.

- El edificio Delclaux, en el nº 30, dedicado a oficinas, construido en va­rias fases por los arquitectos; Emi­liano Amánn y su hijo Emiliano Amánn Puente, se terminó en 1953.

- Las viviendas del nº 32 fueron construidas en 1932 por Tomás Bilbao.

- En el número 34, esquina con Colón de Larreátegui, se halla uno de los edificios notables de la villa, la casa Montero, conocida como casa Gaudí, construida entre 1901 y 1904. Fue diseñado por el arquitecto Luis Aladrén, pero al fallecer antes de terminar las fachadas, su ayudante el vasco-francés Jean Batiste Darroquy se encargó de ello, modificando los exteriores de Aladrén por otros que seguían la escuela de Guimard y Gaudí.

- En la esquina con Fernández del Campo está el edificio RAG, construido en 1933 por Diego Basterra.


Un personaje de recordar en esta zona hacia los años sesenta y, sobre todo en el Club Deportivo, de donde era asiduo en su asistencia a los partidos de pelota y en las apuestas, era El Divino, Se llamaba Ángel Láza­ro, sobrino de Luis Lázaro Galdeano; de buena planta, moreno, elegante, jaranero, amigo del buen vivir y apostador nato, siempre iba acompañado de las mejores mujeres. Decían que el apodo venía de que por él no pasaban los años y que vivía “como Dios”. Falleció a finales de 1997 con más de noventa años.

Javier González Oliver