Situación.- Empieza.- Zabálburu. Termi­na.- Indautxu.

El nombre recuerda a la ermita que bajo su advocación estaba en estos parajes, donde hoy se encuentra la Casa de Misericordia.

La ermita de San Mamés, situada sobre una planicie que dominaba la ría, fue donada en 1451 a los Reli­giosos Meno­res, PP. Franciscanos, por Diego López de Anuntzibai y Juan Sánchez de Basurtu. Su superior acudió al papa Eugenio IV y obtuvo Bula (de Nicolás V, en 1450) para erigir un convento. Como la proximidad a la vi­lla, su prosperidad, y el mayor impulso de la creciente orden les incitase a acercarse más a Bilbao, pidieron al Pontífice y accedió Sixto V (14 de julio de 1475), a una fundación en lugar más próximo. Doña Elvira Fernández de Basabe, les cedió en donación una de sus huertas frente al Portal de Santa María, al otro lado de la ría, y en jurisdicción del término de la Tierra Llana, anteiglesia de Abando. En 1501, se alzaba ya el convento de San Francisco y su fastuosa iglesia, a donde se trasla­daron. Parte de la comunidad permaneció en el convento hasta 1837, en que fueron privados del edificio por las leyes desamortizadoras dictadas contra la iglesia.

El mártir Mamés de Cesaréa, vivía en Roma en los primeros años de la era cristiana, cuando los seguidores de Cristo eran perseguidos. Fue salvado por un Ángel cuando en el año 273, era detenido y juzgado por el propio emperador Aureliano. Se fue al monte Argeo hasta el año 275, en que fue encarcelado por orden del prefecto Alejandro. Después de ser torturado en el Ecúleo, se le condenó a morir quemado y comido por un león. La tradición dice que fue respetado por los dos y que le mataron con un tridente.

Fue conocido en España a través de los peregrinos que iban a Santiago en la Edad Media. Se festeja el 17 de agosto, aunque en muchos lugares lo hacen el día 7 del mismo mes con los distintos nombres de Mamante, Mamas, Mamete y Mamed.

En 1872, cuando el rey de España, don Amadeo de Saboya, vino a Bilbao a inaugurar la Casa de Misericordia, bautizó a esta calle con el nombre de San Mamés. El 3 de mayo de 1917, se aprobó la construcción de la «Gran Ala­meda», como así se iba a denominar esta calle de 30 metros de anchura, que enlazaría la plaza circular del Sagrado Corazón con la carretera de Balmaseda.

En el nº 25 de esta calle, está el viejo lavadero, más tarde mercadillo, uno de los edi­ficios notables de la villa, realizado en 1905 por el arquitecto don Ricardo Bastida Bilbao, (Bilbao, 1879-1953).

El lavadero además del servicio para que se construyó, también era lugar de reunión de mujeres para reivindicar sus quejas o demandas. El horario era de seis de la mañana (5 en verano) hasta las nueve de la noche. No se permitía la venta de jabón, añil o similares, la entrada de hombres excepto para acarrear bultos, y en ese caso debían abandonar inmediatamente el local, ni la entrada de niños, salvo en casos especiales y con permiso del conserje.

En aquella época el sistema de lavadero tenía dos tendencias; el sistema europeo, en el que Alemania era la que marcaba la pauta, y el americano, basado en máquinas de movimiento rotativo. Bastida se inclinó por el primero y lo diseño de tal forma que en la primera planta construyó un gran salón dividido en dos salas. En una dispuso una serie de pilas separadas y provistas de grifos con agua caliente y fría, y en la otra, la parte mecanizada, es decir, las calderas y legiadoras, rodillos secadores, y demás aparatos, todos ellos concebidos según los últimos adelantos de la época. En el piso superior, al que se accedía por una escalera, se utilizaba como secadero de ropa. Disponía de una serie de celdas separadas por celosías de madera de tal forma que cada usuario tenía la ropa en un lugar determinado. Dos patios de tres metros de anchura y numerosas ventanas, facilitaban la ventilación del edificio. Estaba construido en hormigón armado y fue ejecutado por la Compañía Anónima del Hormigón Armado de Sestao. A partir del 1 de enero de 1955 se conviertió en mercado, permaneciendo en estas funciones hasta el 25 de noviembre de 1974, fecha en que se decretó su cierre.

Javier González Oliver