Situación.- F5. Empieza.- Plaza Circular. Termina.- Plaza Zabálburu.

En 1888, considerando que era excesivamente larga la calle de la Estación, el Ayuntamiento presidido por Celes­tino Ortiz de la Riva, decidió cambiar el nombre a la prolongación, desde la Estación hasta la parte de Abando. La sugerencia del nombre de Hurtado de Amezaga, lo había hecho el secretario del Ayun­tamiento Camilo de Villabaso en su informe de 1879, completado por otro de Antonio Trueba. Se acordaron del nombre, posiblemente porque en marzo de ese mismo año había muerto en Sevilla un descendiente del mismo apellido, Ca­milo Hurtado de Amezaga, Marqués de Riscal.

Los Hurtado de Amezaga y Unzaga fueron una familia bilbaína que tomaron la carrera de las armas, llegando a ser generales durante el reinado de Felipe V en los siglos XVII - XVIII. Cuan­do Camilo Villabaso pensó en este apellido, lo hizo recordando a Baltasar Hurtado de Amezaga y Unzaga. Nacido en Bilbao el 16 de septiembre de 1632, primogénito de la familia, fue militar y politico, y Felipe V le concedió el título de Mar­qués de Riscal de Alegre y caballero de la orden de Santiago.

En principio se conocía a estos terrenos como Carretera de Santander por ser la salida de la Villa hacia la provincia del mismo nombre.

En el cruce con la calle Elca­no se construyó en 1870 una plaza de toros con muros de fábrica hasta la altura de los palcos, para sustituir a la anterior de Zabálburu que no se utilizaba desde 1865. Tenía una gran vistosidad y un aforo de 9.000 localidades. Durante su existencia, llegaron a celebrarse funciones a ruedo partido, dos espectáculos a la vez y no necesariamente taurinos, como sucedía cuando había peleas de animales. En 1882 al construir Vista Alegre, la sociedad propietaria compró el coso taurino por 100.000 ptas. con el fin de demolerlo.

En julio de 1889 se inauguró en el nº 8 el Hotel La Terrasse, que contaba con un restaurante y era de lo más selecto de la Villa.

En el nº 21, en terrenos donados por Federico Zabálburu y Basabe, quien también contribuyó económicamente, se construyó la Iglesia de San Fran­cisco de Asís, conocida por todos los bilbaínos como La Quinta Parro­quia, con planos del arquitecto y diputado en Cortes, Luis de Landecho.

En los locales de "La terraza", frente a la Quinta Parroquia, se fundó la primera emisora de radio de Bilbao, en aquellos tiempos, de galena. Se inauguró en 1924 con el nombre de Radio Viz­caya y era propiedad de Armando O­tero. La planta baja era una cafetería y el primer piso, salón de baile. A la ocupación de Bilbao por los franquistas, se dedicó para acuartelamiento de tropas. Duró poco tiem­po porque tuvo que desalojarse por su falta de garantías. El paso del riachuelo Elguera por sus cimientos, hizo que al poco tiempo quedase arruinado el edificio.

En el número 4 se inauguró hacia 1921 el Restaurante Alcazaba, en los bajos de la conocida como Casa de la Petaca. La familia Jaureguizar, Juan y María Dolores, con sus hijos; Jasé Mari, Cristina, Andere y Lauri y la ayuda de un cocinero catalán conocido como el Pipas, compartían la gestión del restaurante. Andere fue una gran cocinera. Se cuenta que en este local, Indalecio Prieto y Ricardo Bastida dibujaron un bosquejo de la Estación Intermodal que José María Makua en su época de diputado General quiso realizar. A principios de la Guerra Civil de 1936 se cerró el restaurante. Terminada la guerra se reformó el edificio y el restaurante totalmente renovado abrió sus puertas con Restaurante Koky.

Ángel Güenechea, conocido como Koky, fue uno de los barmans más famoso de Bilbao. Empezó su trayectoria profesional en el cabaret de La Palanca, “El Gato Negro", lugar de reunión de toda la escala social de la villa. De aquí, ya como jefe de barra pasó a esta calle, primero en el Mariscol, luego al Hotel Excelsior y más tarde se independizó en su afamado Restaurante Koky. Alternaba el trabajo del restaurante con la de payaso en el grupo de los Hermanos Vidal, Carmelo y Alfonso.

En el número 28 de esta calle nació el poeta Blas de Otero Muñoz el 15 de marzo 1916 y vivió y murió el maestro Calixto Díaz, al que los bilbaínos y su alcalde Joaquín de Zugazagoitia le ho­menajearon y descubrieron una placa.

Javier González Oliver