El Racionalismo fue una corriente arquitectónica surgida en Europa a principios del siglo XX, que buscaba renunciar a los estilos clásicos a través de la racionalización y el funcionalismo basados en la Revolución Industrial. Tras la primera guerra mundial se formularon propuestas que se basaban en las formas ortogonales, la funcionalidad y el dinamismo de los espacios, la ausencia de ornamentación y el uso de nuevos materiales como el hormigón, el acero y el vidrio.

La introducción del Racionalismo en Bilbao se produjo gracias a la influencia de publicaciones como AC, defensora y divulgadora de la nueva corriente, así como por la presencia en la ciudad, impartiendo charlas y conferencias, de arquitectos como Walter Gropius. Grupos como el GATEPAC en Cataluña hacían llegar sus primeras experiencias a los arquitectos locales.

Los primeros proyectos racionalistas se desarrollaron en la ciudad a finales de la década de los años veinte, cubriéndose una primera etapa hasta el inicio de la guerra civil española y, en concreto, la entrada de las tropas sublevadas en Bilbao (1937). Una segunda etapa se desarrolló en la época de posguerra hasta 1950. El racionalismo aún se prolongó en años posteriores aunque ya de forma más diluida.

En el campo de la arquitectura escolar, el gobierno de la II República impulsó la nueva corriente con ejemplos como las escuelas municipales de San Francisco, de los arquitectos Juan de Madariaga y Joaquín Zarranz (1933-1945), en las que se instauró un nuevo concepto de enseñanza de la que se hicieron eco otros arquitectos locales en diferentes proyectos, como Pedro Ispizua en el Colegio Luis Briñas (1933).

En el campo de la arquitectura residencial destacan inicialmente las propuestas del racionalismo en torno a la vivienda mínima, como el proyecto de alojamientos desmontables del propio Ispizua, o las Viviendas en Solokoetxe de Calixto Emiliano Amann que el Ayuntamiento construyó entre 1931 y 1933. Pero la obra que supone una obligada referencia en la transición hacia lo que acabaría denominándose como Racionalismo bilbaíno es el edificio de Viviendas en Ripa 6, construido en 1933 según proyecto de Tomás Bilbao. También el racionalismo dejó su sello en algún ejemplo de vivienda unifamiliar, como la proyectada por Ispizua en la Avenida de las Universidades, ya desaparecida, o en proyectos de viviendas colectivas exentas como la Casa Elejabeitia en Deusto (1933), del arquitecto Diego Basterra.

En la arquitectura sanitaria y hospitalaria, que junto con la vivienda tuvieron una importancia capital para el nuevo régimen, destaca la Ciudad Sanatorial de Santa Marina y el posterior Sanatorio de Santa Marina (hoy hospital), obra de Eugenio María Aguinaga, que en 1944 recogió los postulados racionalistas que ya había tenido presentes en su propuesta para el concurso de un instituto en Cartagena.

En la tipología de edificios administrativos y de oficinas, el arquitecto Manuel I. Galíndez, en colaboración con José María Chapa, proyectó en el borde la Ría el Rascacielos de Bailén (1946), el primer edificio de oficinas en altura de la ciudad, que asume su función representativa gracias a su verticalidad, despojado de ornamentación.

La seña de identidad que confiere a la nueva corriente la denominación de Racionalismo bilbaíno es, curiosamente, la utilización de un material utilizado hasta entonces en proyectos más propios del Eclecticismo: el ladrillo visto rojo. La introducción de este material, así como la tendencia a la horizontalidad (antepechos corridos), las carpinterías pintadas  y las referencias navales como los pasamanos metálicos de tubo, conforman ese estilo propio y local que se desarrolló, casi en exclusiva, en el entorno del Ensanche.

La arquitectura residencial y, fundamentalmente, las soluciones en esquina, dejaron un buen número de obras que han llegado hasta nuestros días. El ejemplo más paradigmático es el de las Viviendas en Alameda Urquijo 56-64, en el que intervinieron a lo largo de veinte años (1934-1954) tres arquitectos (Pedro Guimón, Tomás Bilbao y Luis Pueyo) con un resultado, sin embargo, compacto y unitario. Otro ejemplo claro del Racionalismo bilbaíno, en este caso con otra característica intrínseca, el remate en esquina curva con levante o torreón, lo encontramos en el edificio de Viviendas en Ercilla 43, obra del arquitecto Rafael Fontán, construido en 1943.

La arquitectura industrial también incorporó el racionalismo en algunas de sus construcciones como en el Edificio Industrial en José María Escuza 12 (1945), también conocido como Garajes de San Mamés, que, integrado en la trama urbana, resuelve un programa que combina uso industrial y residencial, con el chaflán curvo, vuelos a distintos niveles y remate superior de torre en esquina. Es obra del arquitecto José María Sainz Aguirre. Otro edificio industrial que conservaba la esencia de los postulados racionalistas, el RAG, fue derribado en la segunda década del siglo XXI.


Francisco J. García de la Torre y Bernardo I. García de la Torre