Situación.- F4. Empieza.- Bailén. Ter­mina.- Plaza Circular.

Antiguamente era conocida como Camino de las Encartaciones, y posteriormente, Carril de Hierro. Era la principal vía para ir del Casco Viejo de Bilbao al Ensanche, pasando el puente de Isabel II que unía El Arenal con Abando en 1845. A partir de la terminación de la estación de ferrocarril Bilbao-Tudela en 1861, este camino que se prolongaba desde el puente del Arenal hasta la actualmente conocida como Plaza de Zabálburu, tomó el nombre de calle de la Estación.

La corporación municipal presidida por José María de Areilza, acordó el 5 de agosto de 1937 cambiar el nombre de calle de la Estación, de la que se decía en el referido acuerdo: «Cuyo nombre ningún arraigo tiene en la tradición bilbaína, ni nada simboliza, se llamará calle de Navarra, como merecida exaltación de la provincia hermana, ejemplo de lealtad a la Patria, de desinterés, de heroísmo y de sacrificio».

El sábado, 21 de agosto de 1937, poco después de entrar las tropas de Franco en Bilbao, se celebró una gran fiesta, a la que fueron invitados grupos folklóricos y las autoridades civiles y militares de Navarra. Las autoridades fueron recibidas en el Ayuntamiento a las 11 de la mañana por el Alcalde José María de Areilza; posteriormente, en­cabezados por la banda de Reque­tés, cruzaron el puente de barcazas y, después de oír Misa en la plaza de Es­paña, se pasó revista a una compañía del batallón San Marcial con bandera, banda de música y escuadra de gastadores. Al terminar la ceremonia se procedió a descubrir la lápida con el nombre de la calle. 

Joaquín de Mazas y Mijares, uno de los fundadores de Santa Ana de Bolueta, levantó en 1859 a la orilla de la ría, en el lugar denominado El Pasaje, frente al actual edificio de la Sociedad Bilbaina, sobre el ramal ferroviario que iba desde la Estación del Norte a los almacenes de Ripa, una soberbia casa de cinco pisos con aires parisinos, en la que gentes distinguidas de la villa alquilaron los bajos para crear el primer Club Náutico, en cuyo local, estaría después el café Nervión, montado por los arquitectos Segurola y Agüero. Hasta su demolición en 1969 se conocía como la casa de Mazas.

En los terrenos que hoy ocupa la Sociedad Bilbaína solía instalarse un curandero para “arrancar” el reuma o piezas dentarias. Se hacía llamar doctor Secue y su producto mágico era la “Pomada reactiva”.

En esta calle, el 17 de agosto de 1893, el empresario portugués Gil Vicente Alegría y su esposa la riojana Micaela Ramírez, inauguraron en el solar que hoy ocupa la Sociedad Bilbaina el Circo Alegría, conocido popularmente como Circo de la Concordia. Después de innumerables éxitos con espectáculos como el de la adivinadora Mademoiselle Krep’s, los clowns The Browns o el hombre incombustible Mr. Rivalli, el circo cerró sus puertas el 24 de marzo de 1895.

En 1845 los constructores del puente de Isabel II trataron de levantar sobre las orillas de Abando una atracción que aumentara los escasos peajes de los primeros años, y pensaron en hacer una plaza de toros. Las tierras de Abando ofrecían muchas posibilidades, así que buscando la comodidad por la cercanía, se compraron unos terrenos inmediatos al puente, casi contiguos a la caseta de peaje abierto sobre el camino de las Encartaciones, en el mismo lugar donde hoy se encuentra la Sociedad Bilbaína. La plaza que se le­vantó era un coso cómodo, hecho de mampostería y madera con unos graderíos impresionantes. Se comenzó en 1847 y se inauguró el 17 de junio de 1848, en un mano a mano con ocho toros entre Cayetano Sanz y el gaditano Manuel Díez "Laví". Los precios de la que más tarde se llamaría Plaza de Toros de Vista Alegre, aunque casi todos la llamaban "de La Concordia", se co­braban en reales de vellón, distinguiéndose entre sol y sombra. Los palcos, barreras y tendidos de sombra costaban sesenta, doce y diez, los de sol, cuarenta, nueve y siete reales de vellón respectivamente.

Se mantuvo entre 1849 y 1857, siendo utilizada en 1874 para albergar las compañías carlistas que ponían sitio a Bilbao. Posteriormente fue demolida y se trasladó la fiesta a la Plaza de Toros del Amparo, en las cercanías del hospital de Nuestra Sra. del Amparo.

En la primavera de 1839, una vez restablecida la paz, se pensó en fundar un centro de cultura y esparcimiento. Para julio ya se habían elaborado los reglamentos compuestos por 18 artículos, cuya base lo constituye el 1º: «La Sociedad tiene por objeto la lectura y el recreo». El primer local estaba en el primer piso del nº 5 de la Plaza Nueva, y la primera Junta se realiza el 15 de octubre, siendo elegido Presidente Máximo de Aguirre.

Con la llegada del siglo tuvieron que plantearse el traslado a un lugar más cómodo. El 28 de enero de 1907, bajo la presidencia de Restituto Goyoaga, se propuso el cambio de local. Se pensó en el hotel Términus, pero el precio que piden les resulta elevado. En febrero de 1909, siendo presidente Pablo García Ogara, se aprobó la adquisición de los solares de la Concordia (21.900 pies cuadrados al precio de 82 pesetas el pie). El 18 de abril de 1909 se aprobó la construcción del edificio. El proyecto presentado por Emiliano Amánn Amánn (1882-1942) fue el elegido, y las obras dieron comienzo en octubre de 1910. En poco más de dos años, y con una inversión de tres millones y medio de pesetas, se terminó la obra, inaugurándose el 25 de enero de 1913 en medio de grandes celebraciones, un gran banquete y un concierto que terminó con las notas del "Gernikako Arbola".

El Banco de Comercio fue fundado el 20 de mayo de 1891, con un capital de 10 millones de pesetas. Constituían la Junta  de Gobierno: Ramón de la Sota y Llano; José Luis Villabaso; Santiago Varona; Santos López de Letona; León de Longa; Fernando de Carranza; Benigno de Chávarri; Manuel Castella­nos; Domingo Toledo y Ricardo Nárdiz. Se instaló en el primer piso del nuevo Teatro Arriaga y al poco tiempo se trasladó a la planta baja del número 3 de esta calle, donde está el Banco Español de Crédito.

La Hostería del Laurel, bar situado en la esquina con la calle la Amistad se inauguró con una gran fiesta el 29 de abril de 1914, a la que asistieron además del alcalde Benito Marco Gardoqui, la flor y nata de la cultura y el arte bilbaíno. Los propietarios Paulino y Merino quisieron que como lo describió el periodista Alfredo de Echave en su columna de Euzkadi “su interior era un alarde de arte, buen gusto y riqueza” y para ello contrataron al arquitecto Leonardo Rucabado Gómez (Castro Urdiales, 1876-1918) que con la colaboración de Severino de Achúcarro y Mocoroa (1841-1910) realizaron este proyecto.

Javier González Oliver